25 jun 2019

Gritar en silencio

Soy una persona increíblemente dependiente. Dependiente de mi pareja, de mis amigos, de mis compañeros, de mi familia, de los desconocidos de internet y de la gente en general. Soy de los que se cuelgan de cualquiera que les guste trasnochar. Necesito gente en la que apoyarme y con la que compartir cosas, momentos, experiencias...
Pero a la vez soy de esas personas que llevan todo por dentro, que viven el dolor solos, que prefieren lamerse las heridas en la oscuridad de su cueva, con una almohada mullida y una sábana como toda protección.
Y a la vez me desespero, me ahogo, me muero de ganas de estar con él. De hablarle, de verle, de abrazarle y acariciarle los lunares de nuevo.

Tiene gracia (pero no) que sus abrazos fuesen más cálidos en la despedida que en cualquier otro momento. Casi parece que esos son los correctos, los buenos, los reales. Hacen pensar que esto es lo que de verdad tenía que pasar, lo que estaba escrito, lo que debería sentirse bien. Sé que se va a sentir bien, con el tiempo. Ya he pasado por eso y lo he superado. Pero joder, jamás había sido tan fácil hacer las cosas bien, conseguir que las cosas funcionasen, jamás había tenido las cosas tan claras. Eso es lo que lo hace tan desgarrador, el hecho de que ya creía saber cómo solucionar los problemas. Pero parece que no, que sigo sin saber demasiadas cosas. O al menos que sigo sin saber aplicar las cosas de la manera correcta.

Sigo sin entender muchas cosas. Sigo sonriéndole a la gente. Sigo gritando en silencio.

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